martes, 21 de febrero de 2017

La recompensa a la Oración



     Mateo 6:1,5-6
  Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos
Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
       Por lo que cuenta el Nuevo Testamento, la sociedad israelita estaba bombardeada con modelos de espiritualidad. Los cuatro siglos anteriores a la llegada de Juan el Bautista y Jesús habían sido cuatrocientos años de “oscuridad profética”, durante los cuales Dios no había dado ninguna revelación.
         Como resultado habían surgido grupos como los esenios, los saduceos y los fariseos, que enseñaban a las personas a vivir la religión de diferentes maneras.
        Algunos de ellos se paraban a orar pomposamente en algún lugar visible para que los demás pudieran ver cuán “piadosos” eran cuando oraban, demostrando así una confusión muy grande en su espiritualidad. ¿A qué Dios se estaban dirigiendo? ¿A quién o quiénes querían impresionar? Si todo lo que querían era que los demás se pusieran de pie para recibirlos cuando entraban en la sinagoga, que la gente mirara su aparente espiritualidad, aunque la realidad de la misma  estaba por el piso. En Matero capítulo 6 el Señor Jesús estaba enseñando y advirtiendo a sus discípulos a no ser igual a ninguno de estos que buscaba una admiración y reconocimiento por parte de los hombres y no de Dios.
        La oración, la oportunidad de ofrendar y la fe no nos fue dada para que nos volvamos vanidosos ante los demás, sino para que tengamos una relación íntima, “secreta”, con el Padre en los cielos. El vínculo  de estas disciplinas espirituales que Dios nos dio es para que nos conectemos con él, y en plena intimidad nuestra relación con él sea limpia y sin negociaciones absurdas. No oramos para que Dios responda a nuestros caprichos ni para que los demás nos brinden aplausos, sino para que nuestra conexión con él, a través de Jesús, nos sostenga firmes en la fe. Asi que nuestra comunion con el Padre debe de reunir ciertos lineamientos que nos ayudarán a estar en Su Voluntad y a tener la oportundad de ser recompensados por Él.

  • Toda oración deberá de ser invocando al Padre Celestial… “PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS”.
  • Toda oración deberá de ser hecha en el nombre del Señor Jesucristo.
  • Como hoy aprendimos, deberá de ser en secreto, es decir, libre de la contaminación del orgullo o la vanagloria.
  • Poder exaltar el nombre y el Poder de nuestro Dios…”SANTIFICADO SEA TU NOMBRE”
  • Agradecimiento genuino de todo lo recibido de la mano del Señor…” dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” 1 Ts 5:18
  • Pedir por nuestras necesidades conforme a la Voluntad de Dios…” Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastar lo en vuestros placeres. Santiago 4:3
  • Interceder los unos por los otros y también por nuestras autoridades.
  • Toda oración deberá de ser hecha en el nombre del Señor Jesucristo….PUEDES TERMINAR TU ORACION DICIENDO: EN TODO ESTO TE DOY GRACIAS Y TE PIDO TODAS LAS COSAS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESUCRISTO Juan 16:23
        ¿Qué recompensa nos dará el Padre? ¡Sorpresa! Dios responde de maneras inimaginables, siempre, absolutamente siempre para nuestro bien. En lo íntimo lo veremos. En lo íntimo lo disfrutaremos, y se hará visible en nuestra forma de vivir.

      CONCLUSIONES

La oración debería ser la llave del día y el cerrojo de la noche.

La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.

“Nuestras necesidades son tan profundas que no debemos cesar de orar hasta que estemos en el cielo”

“La oración no es un intento de hacer que Dios esté deacuerdo contigo o de que provea para tus deseos egoístas, sino que es una afirmación de Su soberanía, justicia, y majestad y un ejercicio de conformar tus deseos y propósitos a Su voluntad y gloria”.

“En la oración es mejor tener un corazón sin palabras que tener palabras sin un corazón”

      REFLEXION
  1. Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres, ¿Cómo eres identificado en tu estilo de orar? ¿estás centrado en el propósito de la oración y no en tu orgullo?
  2. Fariseos y Saduceos erraban en su intención al orar para con Dios por su extremada vanagloria y querer ser reconocidos por los hombres como hombres piadosos, ¿tu forma de orar está libre de estas falsas intenciones de agradar a Dios?
  3. Mi tiempo con Dios es la oportunidad para tener una relación íntima, “secreta”, con el Padre en los cielos, ¿habitúas tener este tiempo especifico para orar, alabar y aprender de Dios a través de su Palabra?
  4. No oramos para que Dios responda a nuestros caprichos ni para que los demás nos brinden aplausos, sino para que nuestra conexión con él sea perfecta, ¿tienes la cualidad de orar a Dios pidiendo que su Voluntad sea hecha en ti por encima de la tuya?
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           Pastor Oscar
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lunes, 20 de febrero de 2017

Ábrenos la puerta

      

       Mateo 25:10-12
… Y se cerró la puerta. Después llegaron también las otras. "¡Señor! ¡Señor! —suplicaban—. ¡Ábrenos la puerta!" "¡No, no las conozco!", respondió él.

        En los días previos al Super Bowl 2011, de lo único que se hablaba en las noticias era del partido, y de los jugadores de cada equipo. Así nos enteramos de sus vidas particulares, de la historia de sus familias, ¡y hasta de la historia de sus amigos!
          Luego del Super Bowl hubo otras historias, como la de Tom y Nancy, una pareja de Pennsylvania, que viajó a Texas para presenciar el partido.
Ellos habían pagado $800 dólares, así que sabían que no iban a tener los mejores asientos, pero estaban contentos con poder presenciar el juego.
          Sin embargo, estaban equivocados. Los asientos que ellos habían comprado, junto con muchos más, habían sido declarados ‘inseguros’, por lo que no pudieron ser utilizados. Luego de haber invertido alrededor de $20.000 dólares en el viaje, Tom y Nancy terminaron viendo el partido en un televisor ubicado en un salón debajo del estadio.
         La razón por la que cuento esta historia es porque si bien ellos depositaron sinceramente su confianza en que iban a recibir lo que esperaban, les falló. Y, al igual que las vírgenes insensatas de la parábola de Jesús, quedaron afuera.
         Es una pena que, cuando se trata del aspecto espiritual, tantas personas hagan igual que Tom y Nancy. Confían en ellos mismos, en su familia, en sus amigos, en su trabajo, en otras religiones… y así como Tom y Nancy, van a terminar decepcionados. Cuando llegue el día del Juicio Final se van a quedar afuera, pidiendo que les abran la puerta.
         La palabra describe a estas virgenes que no llegaron a tiempo para entrar al banquete con el novio como insensatas. Esta palabra denota que existió un descuido, una falta de preparación y de estar atentas al llamado para cuando viniese el novio y las invitase a pasar a la gran fiesta. Son a veces tantos los descuidos o las distracciones que haces que no estemos de manera diligente al llamado del Señor Jesucristo. No se trata de estar preparados y alistados al momento del banquete, sino de mantener una intensa preparación día a día y momento a momento, pues al final de este pasaje el Señor Jesús declaró:  »Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora.

       Tu y yo debemos depositar nuestra confianza en el Salvador Jesucristo. Tenemos que erradicar todo aquello que nos ha identificado como individuos insensatos. Que de manera diligente y eficaz estemos preparados para cuando venga el novio (Jesucristo) por su novia que es la Iglesia y llevarla a las bodas del Cordero. Todos tenemos la oportunidad de poder llegar a este momento tan especial con Jesucristo, no depende de él que entremos todos, depende de cada uno de nosotros. Las insensatas clamaban que se les abriera la puerta para poder entrar. No se les abrió, pues su descuido y falta de preparación no les permitió estar en tiempo y forma para ser parte del banquete de fiesta.
       Si viniera Jesucristo hoy, en este mismo momento, ¿estarías prepared@ para ir con Él a las bodas? ¿Hay algo que te está consumiendo y no te ha permitido tener una entrega total y estar listo para ese día?

       CONCLUSIONES
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensate

Todo es posible a condición de ser lo suficientemente sensato

El problema de muchos es pensar que otros deben de tener la responsabilidad de su salvación, caer en este error nos puede llevar a la irresponsabilidad y a la necedad.

La diferencia entre la sensatez y la insensatez es un prefijo “in” que denota la falta de. Si lográsemos quitar ese prefijo, todos podremos estar en las bodas del Cordero.

      REFLEXION
  1. Una súplica fuera de tiempo, será inoperante para que se nos abran las puertas para estar en las bodas del Cordero, ¿cómo cuidas tu vida espiritual? ¿consideras que existe sensatez en ti para estar preparado para ese día glorioso?
  2. La insensatez de estas cinco vírgenes hizo que quedaran fuera de la celebración, ¿tienes problemas de insensatez en tu vida espiritual?
  3. Dicha insensatez denota que existió un descuido, una falta de preparación y de estar atentas al llamado para cuando viniese el novio y las invitase a pasar a la gran fiesta, ¿estás preparándote de manera diligente para el día de la venida de Cristo?
  4. Todo es posible a condición de ser lo suficientemente sensato, ¿qué aspectos en tu vida espiritual implementarás para una mejor condición  delante de Dios?

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            Pastor Oscar
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viernes, 17 de febrero de 2017

Relaciones correctas 7



        1 Corintios 1:10
Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.
         En cuanto a nuestra relación con otra persona, podemos tener una de estas dos actitudes básicas: (1) una actitud de Rechazo o (2) una actitud de Aceptación. Rechazar a otra persona significa que no la aceptas tal como es. El rechazo es una actitud que dice: “Si quieres que te acepte, debes cambiar todo lo que no me agrada”.        Aceptar a otra persona significa que voluntariamente la aceptas tal cómo es, sin ponerle condiciones. No significa que tú no ves sus defectos ni que apruebas todo lo que hace, simplemente significa que la aceptas en la misma forma en que Cristo te ha recibido a ti. La Biblia dice: Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios (Romanos 15:7).
        La razón por la que debemos aceptarnos unos a otros es porque Cristo nos ha recibido a nosotros. Él murió por nosotros cuando aún éramos pecadores. Él no nos dijo: “Yo no los recibiré hasta que hayan cambiado”. No, Él nos recibió total y gratuitamente tal como éramos y nos dio todos los privilegios y beneficios de un hijo de Dios. Esta es la actitud que Dios quiere que tengamos hacia los demás. Que nos demos cuenta de ello o no, la actitud que tenemos hacia otra persona tiene un profundo efecto sobre ella. *La actitud de rechazo hacia una persona impide que el amor de Dios fluya de ti mismo hacia esa persona. Tiende a “amarrarla” y a impedir que ella llegue a ser lo que Dios quiere que sea. *La actitud de aceptación hacia una persona permite que el amor de Dios fluya a través de ti hacia esa persona. Tiende a “liberarla” para que pueda ser lo que Dios quiere que sea.
        Un padre cristiano relata cómo Dios obró en su vida y en la vida de su hijo: “¿Tengo que ir?”, preguntó con resentimiento nuestro hijo de 15 años, arrastrando sus pies en el suelo. “Quiero quedarme en casa con mis amigos. Además el auto irá lleno… ¿y quién quiere viajar 1,000 kilómetros apretados como sardinas en un auto viejo y feo?” Esta expresión de ira latente de parte de mi hijo Roberto, indicaba precisamente el problema creciente que amenazaba últimamente nuestras relaciones. En lo más profundo, mi corazón guardaba un resentimiento creciente en contra de Beto. No me gustaban sus amigos, ni la forma en que se peinaba y me molestaba sobremanera la música que le gustaba. La comunicación entre nosotros había empezado a ser muy tirante. Beto nos acompañó de mala gana, y de algún modo pasamos esa semana. Pero al volver a casa, como padres, nos pusimos de rodillas ante Dios. “Señor,” oramos, “sabemos muy bien que ésto puede llevarnos a un desastre, afectando no sólo a Beto. Seguramente otros también serán heridos si continúa con su rebeldía. No podemos dejarle seguir así. Dios, Tú tienes que darnos la respuesta,” suplicamos. “Por favor, muéstranos la solución”.
        Yo no estaba preparado en lo absoluto para la respuesta de Dios. Él enfocó Su luz penetrante en las actitudes de mi corazón, y lo que había estado oculto por tanto tiempo, de pronto se hizo dolorosamente evidente. “Mientras escojas rechazar, resentir y condenar a Beto, Mis manos están atadas,” sentí que Dios me decía. “Te interpones en el camino y no puedo ayudar a tu hijo. Tú eres el problema verdadero”. “Oh, Dios mío,” gemí conturbado. Él continuó examinándome. “Cuando Yo te acepté en Mi Hijo Jesucristo ¿te pedí que fueras santo y recto antes de aceptarte? ¿Acaso no había muchas cosas en tu vida que me desagradaban? Sin embargo te amé y te acepté por amor a Mi Hijo”.
Yo luché mucho con lo que dijo a continuación: “¿Te acercarás ahora a tu hijo y le confesarás tus actitudes equivocadas, tus resentimientos, críticas y rechazo? ¿Le pedirás perdón por tu pecado contra él?” “Pero, Señor,” protesté. “¡Él se ha puesto rebelde y está equivocado!” “Me doy cuenta de éso, hijo mío, y tengo el remedio, pero eres tú el problema mayor. ¿Qué me dices de éso? Puedo esperar todo el tiempo que me hagas esperar, pero si rehúsas humillarte, no puedo prometerte que no perderás a tu hijo”.
        Mientras yo luchaba con la propuesta de Dios, el asunto quedó penosamente claro y aunque no tenía ninguna promesa de lo que le sucedería a mi hijo, entendí lo que yo, su padre, tenía que hacer. Dios no me pedía que aceptara la rebeldía de mi hijo. Me estaba pidiendo que lo amara y lo aceptara genuina e incondicionalmente, tal como era y no como yo quería que fuese. Aunque la humillación me era muy dolorosa, de repente tuve mucho miedo de no dejar a Dios quebrantar mi voluntad. Las consecuencias para Beto y para mí serían sencillamente una carga demasiada pesada de soportar. Supe entonces que Dios esperaba primero mi sumisión y no la de mi hijo.
       El padre contó lo que ocurrió cuando él obedeció a Dios: Después de haber hablado con mi hijo nos abrazamos, y las lágrimas que corrían de mis ojos parecían borrar todo el resentimiento en contra a Beto. Luego sucedió algo sorprendente. Beto también comenzó a llorar y con el corazón quebrantado reconoció su rebeldía y nos pidió perdón. Entonces volviéndose hacia su madre y abrazándola, confesó con lágrimas su mala actitud hacia ella y le pidió perdón. Han pasado dos años desde aquel día. La obra del Señor fue tan completa que, aunque yo he fallado de muchas maneras desde entonces, Beto ha seguido firme en los caminos de Dios.

         CONCLUSIONES
Dios dice que Él no desecha un corazón quebrantado y contrito. Y sólo Dios sabe qué puede pasar cuando Su amor poderoso y redentor tiene rienda suelta en nuestra vida.

La mayoría de nuestros problemas provienen de que rechazamos partes de nosotros mismos: no nos amamos total e incondicionalmente

El rechazo solo es la evidencia de la falta de perdón y aceptación de una persona a otra.

La actitud de rechazo habla de un problema relacional entre las personas, la manera de solucionarlo es a través de unos lentes en donde el enfoque sea el amor de Dios

        REFLEXION
  1. Barreras y enemistades te pueden llevar a rechazar a las personas con las que has tenido cierto conflicto, ¿Hay alguna enemistad entre tú y otra persona? ¿Hay alguna barrera?
  2. El sentirse rechazado por nuestros padres como el caso de Roberto es una oportunidad para que el enemigo gane terreno y se fomente más la falta de perdón, ¿Hay rechazo en tu vida? ¿Eres un hijo o una hija que siente rechazo por tu padre o tu madre? ¿O eres un padre o madre que siente rechazo por tu hijo?
  3. Rechazar a otra persona significa que no la aceptas tal como es, ¿abandonarás tu rechazo y permitirás que el amor de Dios fluya desde ti hacia esa persona?
  4. La actitud de rechazo hacia una persona impide que el amor de Dios fluya de ti mismo hacia esa persona, ¿tomarás la iniciativa para que el amor de Dios fluya hacia tu prójimo con más intensidad?
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            Pastor Oscar
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jueves, 16 de febrero de 2017

Relaciones correctas 6



        1 Corintios 1:10
Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.

         Cuando las ofensas no se arreglan correctamente, surgen enemistades y barreras entre las personas involucradas. La enemistad es un sentimiento de mala voluntad u hostilidad hacia otra persona. Las barreras son como una “muralla” entre las personas. Donde existen enemistades y barreras, no hay compañerismo ni una comunicación verdadera. Para comprender como Dios trata con las enemistades y las barreras, debemos ver el mismo comienzo de la iglesia. Al principio, la iglesia se componía únicamente de creyentes judíos. Más tarde el evangelio fue predicado a los gentiles (aquellos que no eran judíos) y muchos de ellos creyeron y fueron agregados a la iglesia. Esto causó un problema debido a la larga enemistad y barreras que existían entre los judíos y los gentiles. Los judíos se consideraban superiores a los gentiles y ni siquiera comían con ellos. Los gentiles despreciaban igualmente a los judíos.
          ¿Cómo arregló Dios el problema de la enemistad y barreras que existían entre judíos y gentiles?
       ¡Trató con ellas por medio de la cruz! La Biblia nos dice que todos los creyentes, tanto judíos como gentiles, fueron crucificados con Cristo. De los creyentes judíos y gentiles, Dios hizo “un solo y nuevo hombre”. Jesucristo mismo es la Cabeza, y los creyentes forman Su cuerpo espiritual.
          Por Su muerte, el Señor Jesucristo derrumbó las barreras y acabó con la enemistad que existía entre judíos y gentiles. La Biblia dice: Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación (las barreras), aboliendo en su carne las enemistades… para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades (Efesios 2:14–16). Esto es verdad, no sólo para los judíos y gentiles del primer siglo, sino para todos los creyentes. Nosotros también hemos sido crucificados con Cristo para que podamos ser miembros del cuerpo único de Cristo.
         Por medio de la cruz, Cristo ha derrumbado toda barrera que nos separa a unos de otros. Por su muerte en la cruz, Él ha “matado” toda enemistad entre creyentes. Cristo ha hecho a cada creyente uno con Él mismo y uno con los demás creyentes. Jesucristo sufrió y murió, no sólo para llevarnos a Dios, sino también para que tuviéramos una relación más sana los unos con los otros. El permitir cualquier barrera o enemistad interponerse entre otro creyente y tu, es un pecado que niega la obra de Cristo en la cruz. Recuerdo una frase de  Napoleón Bonaparte solía decir: “la mejor manera de vencer a nuestros enemigos, es haciendolos nuestros amigos”. Tu yo yo podemos evitar que se construyan muros con nuestros semejantes, muros que provocan enemistades y aislamiento, la solución es la de desarrollar relaciones correctas con ellos a través de una sana actitud y permitiendo que la Obra de Jesús en la cruz del Calvario sea eficaz al obedecer su Palabra.

       CONCLUSIONES
La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos.

Un solo enemigo puede hacer más daño que el bien que se pueden hacer diez amigos juntos.

Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.

¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?

      REFLEXION
  • Cuando las ofensas no se arreglan correctamente, surgen enemistades y barreras entre las personas involucradas, ¿tienes levantada una barrera con alguien que está impidiendo una restauración entre ambos?
  • La enemistad es un sentimiento de mala voluntad u hostilidad hacia otra persona, ¿tienes en tu existir enemistades por causa de conflictos no resueltos?
  • Jesucristo derrumbó toda clase de murallas y enemistades a través de su sacrificio en la cruz y anhela que tengas armonía con tus semejantes, ¿es suficiente para ti su sacrificio para estar en paz con tus semejantes?
  • Donde existen enemistades y barreras, no hay compañerismo ni una comunicación verdadera, ¿estás dispuesto a derribar toda muralla y enemistad en tu vida en el nombre de Jesús?
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        Pastor Oscar
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miércoles, 15 de febrero de 2017

Relaciones Correctas 5


      
        1 CORINTIOS 1:10
Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.
       
          Una de las causas principals que afecta la armonía y las sanas relaciones de convivencia entre los seres humanos, es lo que llamamos: OFENSAS. El diccionario define a esta palabra como la acción de despreciar o humillar con palabras o acciones.
     Algo que ayuda a no ser infectados por esta arma ponderosa que el enemigo coloca en los seres humanos para romper con los vinculos de Amistad, de respeto, de cordialidad y de sana convivencia, es la de aprender a ser pacientes con los demás no dándonos por ofendidos fácilmente. La Biblia dice: “El amor es sufrido, es benigno”. Tu podrás argumentar: pero que hago con el que me ofende?  La regla básica para tratar con las ofensas es buscar a la persona y a solas arreglar las cosas.
Hay dos clases de ofensas con que debemos tratar: (1) las que nosotros cometemos contra otras personas, y (2) aquellas que otros cometen contra nosotros. Veamos como podemos arreglar cada una de ellas:
Ofensas que yo he cometido contra otra persona.
         Cuando yo he cometido una ofensa contra otra persona, soy responsable de reconciliarme con ella. El Señor Jesús dijo: Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda (Mateo 5:23–24). Cuando estamos equivocados, una disculpa completa y sincera ayudará mucho para que todo quede arreglado. Para pedir perdón correctamente, debo:
1.    Aceptar toda la responsabilidad por mi ofensa, sin echarle la culpa a nadie más.
2.     Decir cuál fue la ofensa.
3.      Pedir a la persona que me perdone y esperar su respuesta.
4.   Desde luego, si he causado pérdida a alguien, debo también hacer la restitución correspondiente.
         Ofensas que otra persona ha cometido contra mí.
          Cuando otra persona me ha ofendido, mi primera responsabilidad es buscarle ella y hablarle a solas de su falta. Jesús dijo: Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano (Mateo 18:15).
       Cuando alguien nos ha ofendido, nuestra reacción natural es contarle a otra persona cómo fuimos maltratados. Éste es un grave error. No debemos decir nada a nadie hasta que hayamos hablado con quien nos ofendió. Debemos darle una oportunidad de disculparse o en caso de un malentendido, de explicarse. Ya sea que nosotros hayamos ofendido a alguien o que hayamos sido ofendidos, lo que hay que hacer es buscar a la persona y arreglar cuentas a solas. Cuando dos personas tienen problemas entre sí, pueden resolverlos humillándose ante Dios, perdonándose mutuamente y olvidando el asunto.
       CONCLUSION
Recuerda, Jesús dijo que es imposible estar bien con Dios a menos que hayamos pedido perdón a aquellos a quienes hemos ofendido, y también que hayamos perdonado a quienes nos han ofendido a nosotros.
Jesucristo sufrió y murió para restaurar nuestras realciones de los unos a los otros.
Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar. Un ser vil no perdona nunca porque no está en su naturaleza.
A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho.

        REFLEXION
  • Cuando me acerco a alguien para arreglar cuentas, debo ir con la actitud correcta, ¿Cuál Suele Ser Tu Actitud Al Momento De Solucionar Un Conflicto Con Alguien?
  • EL objetivo no es hacer que el otro se disculpe conmigo, sino restaurar su comunión con Dios y conmigo. Si se arrepiente, debo perdonarle, ¿llevas a cabo este principio en tu vida a la hora de restaurar alguna relación rota con tu semejante?
  • El Señor Jesús dijo: Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale (Lucas 17:3), ¿tus relaciones de convivencia con los demás son saludables por el hecho de ejercitar un perdón mutuo?
  • En una ocasión Pedro le preguntó a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Jesús respondió a Pedro: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mateo 18:21–22), ¿estás listo para restaurar aquellas relaciones en donde te ofendieron u ofendiste?